viernes, 6 de diciembre de 2013

Filosofía canina



Un perro circulaba deambulando por la calle de enfrente.
Andaba con sus cuatro acompasadas piernas que diferían algo en su longitud y por eso quizás cojeaba. El perro, pese a esto, parecía alegre. Los perros jadean y ladran y por eso parecen que nada les afecta pero no. Este estaba intentando encontrar algo.

Los perros suelen buscar cosas insustanciales. Este de la calle de enfrente buscaba, concretamente, la respuesta a un enigma, ahí es nada.

Los perros, todos están de acuerdo, apenas precisan de su cerebro para llevar una vida ordenada y feliz. No puedo estar más en desacuerdo. Los perros piensan, de forma bastante abstracta, y mucho. Este es el gran secreto de los perros. Su callada labor intelectual. De hecho, alguno piensa más que algunos académicos de la Sorbona. Esto tiene su mérito. No sólo de huesos vive el perro. Pensar, como en los humanos, en la raza canina es un asunto doloroso. Su filosofía produce una incontinente fuente de sufrimiento. Piensan en las estrellas, en su estructura, en las galaxias, en lo que podría haber detrás de ellas, piensan en cuestiones éticas y en el desciframiento de la ecuación de Fermat. Piensan, sobre todo, en su perra vida, en cómo establecer un imperativo categórico que evite los excesos de tanto ladrido a destiempo y nocturno.

Este perro de la vereda de enfrente, decía, estaba pensando en sus cosas. Pensaba en un por qué. Pensar en los por-qués requiere de una tremenda fuerza de voluntad y de cierta valentía. Es más fácil vivir sin saber por qué. Pero este perro, cuya vida se deslizó por los azarosos y perpendiculares abismos de la angustia existencial, se preguntaba hoy igual que ayer, por qué se le había clavado una espina de merluza en su pata. He ahí la gran paradoja entre la vida intelectual y la praxis vivificante. Con esta última el perro hubiera agarrado la espina con los dientes y se hubiera aliviado. Pero este no, este se pregunta, y no pude dejar de preguntarse, por qué narices tiene clavada en la pata una espina de merluza. Nunca llegará a una conclusión definitiva. Más que nada, porque según avanza con sus pesquisas, ajeno a la crueldad de la fenomenología, atraviesa la calzada y un camión de tonelaje más o menos intolerable lo arroya y lo estampa como si de un tatuaje se tratara sobre el gris asfalto. 

Se acabaron los por qués. El perro, en si mismo, es una pregunta ahogada. Ojala alguien o yo mismo que lo venía venir, hubiera podido avisarle, pegar un grito desde la ventana, advertir al camionero, no se, hacer algo que hubiera evitado el fatal desenlace. Pero no dije ni grité ni hice nada. Me quedé callado debido a que yo, aunque no sea un perro, también pienso. Y no pienso en los por qué. Pienso en los para qué. Y así me distraigo.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Frío


Lentamente el frío de la mañana blanca se va introduciendo por los poros de una piel insuficiente, débil como parapeto, pálida de tanto retroceder ante las amenazantes caricias del hielo sólido y tajante. Entonces los huesos, angustiados en sus oscuras guaridas, empiezan a moverse de un lado a otro, con la improbable intención de salir al aire, con cierto anhelo de huida, pero no pueden. La piel, insensible, los contiene a ellos pero no al frío de la mañana blanca y entre tanto temblor, se deja cubrir con una capa de escarcha.

Posibilidades de no volver

Igual hubiera sido mejor que el autobus no pasara.
O no parara.
O se estrellara.
O se perdiera.
O ardiera.
O que no hubiera casa a la que volver.
O que tuviera un plan para no volver.
Porque si no uno se pierde.
Uno se pierde siempre si vuelve.
Hay siempre una exigencia que te incita a huir.
Y en la parada hace frío.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Ryan Adams - Lucky Now




I don’t remember, were we wild and young
All that’s faded into memory
I feel like somebody I don’t know
Are we really who we used to be
Am I really who I was

The lights will draw you in
And the dark will bring you down
And the night will break your heart
Only if you’re lucky now

Sé que tengo que andar...

Sé que tengo que moverme, andar, hacer algo de ejercicio, pero es que se está tan bien en este ataúd...

sábado, 7 de septiembre de 2013

Ayer estaba bastante triste...



Ayer estaba bastante triste, por razones meramente poéticas, pero leí este poema de Montserrat Abelló y como que pude sentir esa extraña tristeza de manera diferente, compartida, ahora que ya no hago más que presentir el otoño:

"Avui les paraules
no sen´ns quallen a la
boca.
Cauen com fulles,
mortes,
deixalles de sentiments
i d´esperances"

("Hoy las palabras no se cuajan en la boca...caen como hojas muertas...despojos de sentimientos y de esperanzas...")

Invitación al silencio, pero también aceptación de la pérdida, como suelen hacer los árboles.

sábado, 31 de agosto de 2013

Tiempo


Dos que eran amigos se encuentran tras años sin verse, una tarde, por las calles del barrio. No llegan a decirse nada. Ambos observan, con atención reconcentrada, como al otro lado de la vereda un árbol pierde, con aparente inocencia, sus hojas.

domingo, 18 de agosto de 2013

Laura Jansen Pretty me




Two bags, a ticket, a couch in L.A.
Nothing left to prove, finally something to say
I am wise enough now, smart enough now
I own my own mistakes
But I got no job, I got no car, No Driver's License, No cash
No savings, No heath care, No furniture, No place to live, No RIA, No retirement scheme, No winter coat, No Christmas tree, No family near me, No money for morning coffee, and No way to pay off my debt

But I am dreaming

sábado, 17 de agosto de 2013

Una escena de Pasolini


En las Mil y Una Noches de Pasolini, encontramos una escena en la que una muchacha está prisionera de un demonio. Al palacio donde la tiene cómodamente encerrada, llega una especie de héroe que se propone rescatarla y huir juntos. Antes, tienen tiempo de yacer juntos en el lecho, si se me permite decirlo así, y enamorarse. Hay un mágico cartel escrito con caracteres árabes que, cuando ella lo toca, sirve para que su demonio-carcelero acuda y le proporcione todo lo que desea, como los timbres de los hoteles. El héroe lo golpea para que acuda el demonio y así enfrentarle. Llega, luchan, pero el demonio es demasiado fuerte y tiene el pelo rojo. Lo reduce y se dispone a castigarlos, viendo la traición que supone que ambos se amen. Empieza por ella. La arrastra desnuda a un rincón, y le corta con una cimitarra primero las manos, con suave tajo. Ella no se queja y se queda tendida y mirando al héroe, sin pestañear. Luego le corta los pies, sin mucho esfuerzo. El demonio se da cuenta de lo que pasa y dice: “Estáis haciendo el amor con los ojos” y enfurecido, le corta la cabeza a la pobre chica....Estábamos equivocados. Solo alguien con un concepto del amor estrictamente espiritual podría haber hecho esta película. 

El mar como objeto poetizable


Tenía por costumbre poetizar sobre el mar, ya sabéis, sobre el cadencioso retorno de las olas, sobre los infames abismos, sobre los horizontes con vientos húmedos, sobre el brillo verdoso de espumas rescatadas de la memoria, sobre leviatanes, sobre la sal adherida a una herida, sobre barquitos veleros meramente ridículos, sobre iridiscencias y atardeceres rojos, sobre huellas en la arena, sobre cementerios marinos, pero cuando aquella mañana el agua arrasó las calles, se llevó con su marea mortífera de lodo coches, árboles, vidas, casas y animales inflados, sí, después de aquel tímido tsunami, el mar empezó a figurar sólo como argumento para sus prosas y para alguna que otra tragedia.

Un último gesto



Se significó, cuando su vida declinaba, por una incontrolable necesidad de acometer empresas absurdas. A sus ochenta años, comprendió que la demencia que padecía le deparaba mayores réditos de felicidad que los que cosechó cuando era un joven experto del tedio. Pero la locura carece de metas, de objetivos, de motivaciones. Su propia muerte, la forma que habría de elegir para su salida de este mundo, en última instancia, se le presentó como una posibilidad doble que serviría para culminar su historia. Intentó definirla primero. Por un lado, podía ser una entrada lenta en un aburrimiento definitivo, en el gran espacio en blanco, unos puntos suspensivos, un silencio tranquilo, la calma total, o por otro, todo lo contrario, una sublime estupidez, una última broma, un imposible caos sin demasiada planificación, una fiesta negra, un cohete artificial que se funde en negro, una insensatez innecesaria, un final rescoldo de furia. Eligió la segunda opción, reconociendo, en un último episodio de lucidez, que esta elección de su muerte hubiera debido ser completamente ajena a sus competencias. Se metió un cartucho de dinamita por el culo y explotó. 

¿Dios es silencio?

Dios es silencio. Pero quizás no quiere serlo. Por definición no puede serlo. Las preguntas, por otro lado, son lícitas y el Todo tiende a ser explicado. El ser se retuerce por las dudas, se quiebra, se deshace en ceniza, pero todo esto no es sino movimiento hacia la verdad, movimiento que quizás no se detenga nunca. También hay que respetar la saciedad del que no pregunta, del que espera que la respuesta le será dada en su momento, sin él exigirla. 

viernes, 5 de julio de 2013

Acqua Alta - avec Jorge Donn (1975) Maurice Béjart



Estar triste es esto.

“Pero el Poder de la Danza es un poder peligroso. Como otras formas de entrega de sí mismo, es más fácil comenzarla que darle fin. En la extraordinaria locura danzante que periódicamente invadió Europa desde el siglo XVI al XVII, la gente bailaba hasta caer desplomada....Además la cosa es sumamente contagiosa. Como observa Penteo en Bacantes, se extiende como el fuego. La voluntad de bailar se apodera de las personas sin el consentimiento de la mente consciente: por ejemplo, se nos dice que en Lieja, en 1374, cuando ciertas gentes posesas llegaron a la ciudad danzando medio desnudas y con guirnaldas en la cabeza, bailando en el nombre de San Juan, “muchas personas, al parecer sanas de cuerpo y alma, fueron de repente poseídas por los demonios y se unieron a los danzantes.”; estas personas abandonaron casa y hogar, como las mujeres tebanas de la tragedia; incluso las muchachas jóvenes dejaban familia y amigos para marcharse, errantes, con los bailarines. Contra una manía parecida en la Italia del siglo XVII, “ni la juventud ni la edad avanzada, se dice, ofrecían protección alguna: de modo que hasta los viejos de noventa años arrojaban sus muletas al sonido de la tarantela, y, como si corriera por sus venas alguna poción mágica, restauradora de la juventud y del vigor, se unían a los extrañísimos danzantes”


E.R. Dodds. Los griegos y lo irracional.

sábado, 15 de junio de 2013

La Orden del Finnegans en el Retiro


Ayer asistí, así como ocurren estas cosas un poco por casualidad, porque pasaba por allí, a una reunión de la Orden del Finnegans y estaban, al cobijo de la Feria del Libro, de las sombras del Retiro y bajo el paternal cuidado de Vila Matas, Eduardo Lago, Antonio Soler, Malcolm Otero Barral, José Antonio Garriga, Marcos Giralt, Emiliano Monge y la moderación de Ignacio Martínez de Pizón, perdón, de Pisón (no se si estaban todos los miembros de la Orden, se que Jordi Soler no estaba), reunidos con la supuesta intención de presentar un libro de relatos, justo en el fin de semana del Bloomsday, cuando lo que deberían estar haciendo es viajar a Dublín, que es lo que se supone dio lugar a la formación de esta Orden de la que se nos informo, ya desde el inicio, que estaba en permanente vía de disolución, como forma de intentar su permanencia.

Tras esta aparente pero muy inteligente contradicción inicial, la charla transcurrió de forma azarosa, repleta de ironías y bromas, y uno agradeció que a pesar de que allí se juntaron buena parte de lo más rescatables nombres de la escritura de este país, no se atisbara ningún gesto de solemnidad, tan solo la entrañable narración de una amistad. No se si intencionadamente, uno percibió (en las formas laberínticas de la conversación, en los azares sorteados de botellas de agua que caen en la mesa y convierten el acto en una “presentación anfibia”) un homenaje velado a Joyce y a su desconcertante novela, la de ese Ulises tan perdido en un Dublín imposible. Vila Matas lo expresó a su manera lenta, dijo que por el mero hecho de juntarse ya les ocurrían cosas, accidentes, hechos memorables o absurdos en el que se suceden las anécdotas, las imprevisiones que a veces se vuelven hilarantes. Explicó que suponía que esto sucedía así por la capacidad fabuladora que todos los miembros de la Orden poseen, y que es como un imán para lo extraordinario.

Para mi esto es lo mejor de emprender los caminos de la escritura o de estar siempre rodeado de literatura. La vida cobra otro color, los acontecimientos se traducen a palabras, las palabras a historias, lo que para los demás es desdeñable, obvio o una contrariedad, para el que vive de las letras (escritas o leídas), es más bien un regalo, un gozo que permite vivir de otra manera las desdichas cotidianas.

Salí otra vez al Retiro, que se llenaba de gente huidora, en el primer viernes de calor del año. Abrí los ojos, en espera de accidentes. Por cierto el libro que presentaron se titula Lo desorden (sic), es de Alfaguara, trata del desprestigiado tema de la infancia y merece leerse.

lunes, 29 de abril de 2013

Un haikú rescatado





“Regreso a mi pueblo:
todo lo que encuentro y toco
se vuelve zarza”

Este pequeño haikú de Kobayashi Issa rescatado por el gran poeta peruano José Watanabe, me habló de las punzantes heridas de la memoria. De la zarza ocupando su lugar sobre ruinas abandonadas, sobre lugares que un día estuvieron despejados y limpios como la infancia, y que regresan envueltos de una tupida tristeza vegetal. También, del lento desangrar del tiempo que transforma las cosas cual Midas mediocre no en oro, sino en dolor y quizás olvido.



jueves, 4 de abril de 2013

Marques Toliver Charter Magic



They Walk Through The Fire, Transform Into Lions, To That Have The Dreams… Our Power Is Meanly…We Leaving The Valley…We Made The Keys… To Help You On Your Journey…To A Place I’ve Never Know

sábado, 30 de marzo de 2013

Macedonio siempre tenía razón



“Una de las aspiraciones de Macedonio era convertirse en inédito. Borrar sus huellas, ser leído como se lee a un desconocido, sin previo aviso...un libro perdido en el mar de los libros futuros. La verdadera legibilidad siempre es póstuma.”

Ricardo Piglia.
Formas breves.
Sé que estás en algún lugar de la noche.
Sé que no dejas de mirar estrellas.
Sé que la memoria aún te depara sorpresas.
Sé que ya no me recuerdas.

sábado, 23 de marzo de 2013

Lluvia de plumas




Se paró en un banco del parque, como cansado de dar vueltas, a pesar de que estaba mojado por la lluvia constante, acuciante, lluvia negra y espesa de casi abril. Miró a su alrededor y constató la presencia de un par de fresnos, de una papelera vacía y de una paloma muy gris que se le acercó suplicando alguna miga de pan o cualquier cosa que llevarse al buche. La farola se encendió a destiempo, cuando aun quedaba luz a la tarde. El hombre pensó en ella una última vez, antes de cerrar los ojos, escuchando su propia respiración cada vez más relajada. Intuyó que pronto estaría rodeado de estrellas invisibles, que la belleza de aquellos retorcidos árboles quizás mereciera un poema, pero prefirió no dejarse llevar por la idea de que al día siguiente todo sería diferente. Puso el revólver sobre el banco húmedo. Dejó pasar el tiempo. El eco del disparo llegó hasta el río. Igual la paloma hubiera merecido mejor suerte.

viernes, 8 de marzo de 2013

Arena



“Unas líneas para recordar a Felicia Hemans”, traducción libre:

(Un poema de Joseph James, de Bristol)

No hay muerte de Genio sin lágrimas,

(...Scout, con su habitual sarcasmo botánico, dijo que la poesía de James era demasiado “poética” y que sus versos tenían demasiadas flores y pocos frutos.)

Pagó caro su confianza en la Virtud,
Encontró el Honor de la arena silenciosa,

Sus  manos tañeron la temblorosa lira
Despertando ideas que no morirán,
Volando alto con seráficas alas…

Y sigue con cosas de este estilo. Pero ese “…Honor de la  arena silenciosa…” me llevó a escribir, recordando también a una emotiva canción de Kansas:

“Es todo un honor que a uno le arrastre el viento”,
pensó ufano el grano de arena sin alas,
“revolotear de forma tan aleatoria
así un poco con desgana
sumido en un shhhh que es una queja y es silencio.

Ir a parar en ojo ajeno,
en uno azul casi negro
y luego bastante perplejo
caer al suelo envuelto
en un paño húmedo,
 salado,  sin lamento.

Luego volver al desierto,
acabar en el barro,
renovar la espera
de llegar más lejos.”

sábado, 2 de febrero de 2013

Aforismos desaforados



Las tristezas se guardan en galpones sucios y oscuros de aluminio, antiguos almacenes de chatarra abandonados a las afueras de los arrabales, pero aun así, siempre regresan.
Regresó del oráculo de Delfos con la sensación de que no había acabado de escuchar bien.
En una relación de los paisajes en que me gustaría deleitar los ojos, pondría, en primer lugar, uno pintado por Turner en que no hubiera más que niebla.
Una moneda micénica, hoy, en el monedero de un tipo de Kinshasa, sirve para comprar una botella de vodka: definición de lo exótico.
Valerosa la tristeza cuando reconoce que no tiene remedio.
En la pajarería, el avestruz fue acusado de intrusismo.
Este otro es inconformista, aunque le falta un diente, grita, se da contra las paredes, busca comisarías, en realidad le faltan dos dientes, amenaza, levanta el brazo, ríe, corre, se le desatan los zapatos, hará un año que perdió su gallina, reza bajo la lluvia, desesperado, por volver a encontrarla.
Cuando Sócrates se miró aquella mañana al espejo empezó a cavilar sobre cierto lugar extraño en donde moraban las inefables ideas.
Linda grisura de un día de lluvia, al borde de la noche, con calcetines.
Pelo crespo, ojos demoniacos, piel erizada, manchas, paso decidido. Nunca dejó de quererla.
Se peinaba el bigote a las cinco en punto. Salía poco después, saludaba a la portera, abría el paraguas, daba largos paseos. Evidentemente, eran otros tiempos.
Era un poema tan puro, que tuvieron que sujetar las palabras con alfileres.
En cuanto el agua empezó a hervir, metió la mano. No se podía estar quieto.
Lento y prodigioso, fue un movimiento inesperado, nunca antes registrado: la nube circulaba rauda, según su costumbre, buscando o alejándose de otras nubes, con el fondo habitual de un azul indudable. De repente, la nube dio media vuelta y se fue por donde vino.
"El caso es que nunca llegó a decir te quiero", pensó Julieta antes de morir.
Un libro verde que describa un bosque. Uno azul que enumere las maravillas de los océanos. Otro amarillo que catalogue las propiedades de los limones. Uno negro que hable sobre el amor.
Se produjo un súbito desplome de rocas y cieno, la ciudad vio sus murallas derruirse, mientras los heraldos anunciaban la llegada del enemigo. Mientras, en el interior de su oscuro cuarto, el filósofo cree haber alcanzado alguna certidumbre sobre el ser de la nada.

sábado, 12 de enero de 2013

Permanencia



En medio de una húmeda soledad, la alberca, en el extrarradio, en el parque que es un remedo de bosque mediocre, al atardecer. El niño se asoma con miedo, intuyendo una profundidad improbable. Puede ser un charco o un abismo. Para él es lo mismo. Un viento levanta ondas tenues, el resto es oscuro. Se reflejan las ramas, la última luz, su rostro. Una hoja flota indolente. Tira una piedra, provoca una marejada. Todo vuelve al silencio. Pero en el centro se empiezan a dibujar reflejos inesperados. Ve otro rostro. De un anciano, con sombrero. De un pájaro que no surca el aire. De una mujer que juega a la orilla con un barco de papel. De un tigre que se acerca a beber. Ve la luz de una hoguera azul. Unas nubes de tormenta. La cara de alguien que busca un verso. Un soldado que llena su cantimplora. Las imágenes se suceden sin ilación ninguna. A su alrededor no hay nadie. El niño se aleja de la alberca, asombrado. Su reflejo nunca se secó.