sábado, 31 de agosto de 2013

Tiempo


Dos que eran amigos se encuentran tras años sin verse, una tarde, por las calles del barrio. No llegan a decirse nada. Ambos observan, con atención reconcentrada, como al otro lado de la vereda un árbol pierde, con aparente inocencia, sus hojas.

domingo, 18 de agosto de 2013

Laura Jansen Pretty me




Two bags, a ticket, a couch in L.A.
Nothing left to prove, finally something to say
I am wise enough now, smart enough now
I own my own mistakes
But I got no job, I got no car, No Driver's License, No cash
No savings, No heath care, No furniture, No place to live, No RIA, No retirement scheme, No winter coat, No Christmas tree, No family near me, No money for morning coffee, and No way to pay off my debt

But I am dreaming

sábado, 17 de agosto de 2013

Una escena de Pasolini


En las Mil y Una Noches de Pasolini, encontramos una escena en la que una muchacha está prisionera de un demonio. Al palacio donde la tiene cómodamente encerrada, llega una especie de héroe que se propone rescatarla y huir juntos. Antes, tienen tiempo de yacer juntos en el lecho, si se me permite decirlo así, y enamorarse. Hay un mágico cartel escrito con caracteres árabes que, cuando ella lo toca, sirve para que su demonio-carcelero acuda y le proporcione todo lo que desea, como los timbres de los hoteles. El héroe lo golpea para que acuda el demonio y así enfrentarle. Llega, luchan, pero el demonio es demasiado fuerte y tiene el pelo rojo. Lo reduce y se dispone a castigarlos, viendo la traición que supone que ambos se amen. Empieza por ella. La arrastra desnuda a un rincón, y le corta con una cimitarra primero las manos, con suave tajo. Ella no se queja y se queda tendida y mirando al héroe, sin pestañear. Luego le corta los pies, sin mucho esfuerzo. El demonio se da cuenta de lo que pasa y dice: “Estáis haciendo el amor con los ojos” y enfurecido, le corta la cabeza a la pobre chica....Estábamos equivocados. Solo alguien con un concepto del amor estrictamente espiritual podría haber hecho esta película. 

El mar como objeto poetizable


Tenía por costumbre poetizar sobre el mar, ya sabéis, sobre el cadencioso retorno de las olas, sobre los infames abismos, sobre los horizontes con vientos húmedos, sobre el brillo verdoso de espumas rescatadas de la memoria, sobre leviatanes, sobre la sal adherida a una herida, sobre barquitos veleros meramente ridículos, sobre iridiscencias y atardeceres rojos, sobre huellas en la arena, sobre cementerios marinos, pero cuando aquella mañana el agua arrasó las calles, se llevó con su marea mortífera de lodo coches, árboles, vidas, casas y animales inflados, sí, después de aquel tímido tsunami, el mar empezó a figurar sólo como argumento para sus prosas y para alguna que otra tragedia.

Un último gesto



Se significó, cuando su vida declinaba, por una incontrolable necesidad de acometer empresas absurdas. A sus ochenta años, comprendió que la demencia que padecía le deparaba mayores réditos de felicidad que los que cosechó cuando era un joven experto del tedio. Pero la locura carece de metas, de objetivos, de motivaciones. Su propia muerte, la forma que habría de elegir para su salida de este mundo, en última instancia, se le presentó como una posibilidad doble que serviría para culminar su historia. Intentó definirla primero. Por un lado, podía ser una entrada lenta en un aburrimiento definitivo, en el gran espacio en blanco, unos puntos suspensivos, un silencio tranquilo, la calma total, o por otro, todo lo contrario, una sublime estupidez, una última broma, un imposible caos sin demasiada planificación, una fiesta negra, un cohete artificial que se funde en negro, una insensatez innecesaria, un final rescoldo de furia. Eligió la segunda opción, reconociendo, en un último episodio de lucidez, que esta elección de su muerte hubiera debido ser completamente ajena a sus competencias. Se metió un cartucho de dinamita por el culo y explotó. 

¿Dios es silencio?

Dios es silencio. Pero quizás no quiere serlo. Por definición no puede serlo. Las preguntas, por otro lado, son lícitas y el Todo tiende a ser explicado. El ser se retuerce por las dudas, se quiebra, se deshace en ceniza, pero todo esto no es sino movimiento hacia la verdad, movimiento que quizás no se detenga nunca. También hay que respetar la saciedad del que no pregunta, del que espera que la respuesta le será dada en su momento, sin él exigirla.