viernes, 7 de septiembre de 2012

….básicamente, y por divagar un poco una mañana de viernes en la que no tienes otra cosa mejor que hacer, el silencio se podría definir como mirarse en un espejo y encontrar un pájaro, (...se impone el uso de puntos suspensivos...), un pájaro mudo y expectante que te mira con esa cara abstrusa que sólo tienen los pájaros que aparecen inconvenientemente en los espejos en los que te buscas, con su mirada emplumada y siempre presta a salir volando pero no sabiendo hacia dónde. Se crea así la expectativa de un viaje oscuro, de uno de esos absurdos peregrinajes de pájaros, confabulados con los vientos, así cuando te ves en el espejo como en un sueño duplicado sin trinos, pero no sabes volar. Esto viene a ser el silencio las mañanas de viernes cuando todo se torna un poco como un espejo velado, con el reflejo emplumado y algo ridículo de ese pájaro de mirada perdida y sin memoria de vientos, con un ala rota. Ya lo dijo Emily, que el silencio es infinito y que carece de rostro. Después, me fui a trabajar.

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