viernes, 5 de julio de 2013

Acqua Alta - avec Jorge Donn (1975) Maurice Béjart



Estar triste es esto.

“Pero el Poder de la Danza es un poder peligroso. Como otras formas de entrega de sí mismo, es más fácil comenzarla que darle fin. En la extraordinaria locura danzante que periódicamente invadió Europa desde el siglo XVI al XVII, la gente bailaba hasta caer desplomada....Además la cosa es sumamente contagiosa. Como observa Penteo en Bacantes, se extiende como el fuego. La voluntad de bailar se apodera de las personas sin el consentimiento de la mente consciente: por ejemplo, se nos dice que en Lieja, en 1374, cuando ciertas gentes posesas llegaron a la ciudad danzando medio desnudas y con guirnaldas en la cabeza, bailando en el nombre de San Juan, “muchas personas, al parecer sanas de cuerpo y alma, fueron de repente poseídas por los demonios y se unieron a los danzantes.”; estas personas abandonaron casa y hogar, como las mujeres tebanas de la tragedia; incluso las muchachas jóvenes dejaban familia y amigos para marcharse, errantes, con los bailarines. Contra una manía parecida en la Italia del siglo XVII, “ni la juventud ni la edad avanzada, se dice, ofrecían protección alguna: de modo que hasta los viejos de noventa años arrojaban sus muletas al sonido de la tarantela, y, como si corriera por sus venas alguna poción mágica, restauradora de la juventud y del vigor, se unían a los extrañísimos danzantes”


E.R. Dodds. Los griegos y lo irracional.